
Cuando hablamos de industria pesquera de la Región de Murcia, es común que la atención se centre en los pescaderos, las embarcaciones o los puertos que han dado vida a nuestras costas durante generaciones.
Sin embargo, existe otro colectivo cuyo trabajo fue igualmente imprescindible para el desarrollo del sector y que, en muchas ocasiones, han permanecido en un discreto segundo plano: las mujeres vinculadas a la elaboración y comercialización de las salazones.
La tradición salazonera forma parte de la identidad histórica y gastronómica del litoral murciano. Desde tiempos remotos, la conservación de pescado mediante la sal permitió aprovechar mejor los recursos del mar y abastecer a las poblaciones alejadas de la costa. Productos tan emblemáticos como la mojama, las huevas secas, el bonito o el mújol en salazón se convierten en auténticos símbolos de la gastronomía regional, manteniendo una presencia destacada en la cultura culinaria murciana hasta nuestros días.
En los municipios murcianos, las pescaderías de barrio o comercios de abastos cumplían un doble rol. Al tratarse de productos de consumo cotidiano al igual que los productos frescos, los propios minoristas pesqueros se encargaban de su comercialización en el mismo puesto. Detrás de esta actividad existieron miles de mujeres que participaron en tareas fundamentales como la limpieza, preparación, clasificación, salado, secado y conservación del pescado. Se trataban de labores que exigían destreza, experiencia y un profundo conocimiento del producto y que durante décadas se les encomendó a estas profesionales. Aunque pocas veces ocuparon titulares o recibieron reconocimiento público, su aportación fue decisiva para consolidar una actividad económica que durante siglos estuvo estrechamente ligada al desarrollo del sector pesquero y acuicultor.

No solo desempeñaban un trabajo manual de preparación sino también fueron durante décadas el rostro más cercano del sector para miles de consumidores durante generaciones. Participaban activamente en la venta y distribución de los productos a la par que ejercían una labor como asesoras gastronómicas, recomendando productos de temporada fomentando el consumo de pescados y mariscos, compartiendo recetas tradicionales y técnicas de elaboración. Gracias a ellas, numerosas elaboraciones típicas de la Región de Murcia han permanecido vivas en los hogares generación tras generación y han contribuido a acercar la riqueza pesquera de nuestra costa a las mesas murcianas y que han ayudado a construir una parte esencial de nuestra identidad gastronómica.
Recordar su legado no solo supone un ejercicio de justicia y reconocimiento, sino también una oportunidad para comprender que detrás de cada producto pesquero, de cada salazón tradicional y de cada mostrador de pescadería existe el trabajo de generaciones de profesionales que han dedicado su vida a preservar una actividad noble, esencial y profundamente arraigada en nuestra tierra.
Las mujeres de las salazones, las pescaderas y tantas otras profesionales del mar formar parte de un patrimonio humano que merece ser conocido, respetado y celebrado. Porque entender el pasado de nuestro sector pesquero es también reconocer a quienes, desde muchas veces el anonimato, contribuyeron a hacerlo posible.
*El proyecto Mardemur 2025-2026, llevado a cabo por AMIPEMUR con una inversión de 52.169,15 € y una subvención por el mismo importe, se enmarca en la Estrategia de Desarrollo Local Participativo del Grupo de Acción Local de Pesca y Acuicultura de la Región de Murcia (GALPEMUR) y está cofinanciado por el Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA) al 70% y por la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia (CARM) al 30%.
