
Cuando se aborda la problemática del relevo generacional en las pescaderías tradicionales de la Región de Murcia y del resto de España, el análisis suele centrarse en la falta de personas dispuestas a continuar con el oficio. Sin embargo, existe un factor menos visible, pero igualmente determinante: la creciente desconexión entre las nuevas generaciones de consumidores y el comercio tradicional de pescado.
Durante décadas, los mercados y pescaderías de barrio fueron mucho más que un lugar de compra. Representaban espacios de convivencia donde se establecía una relación de confianza entre vendedor y cliente. Las pescaderas y pescaderos no solo suministraban producto; también transmitían conocimientos sobre especies, temporadas, formas de preparación y hábitos de consumo propias de la región. Esta cercanía y papel prescriptor, permitía que la sociedad valorase mejor tanto el producto como el oficio que había detrás de cada mostrador.
Actualmente, esta relación se ha ido debilitando paulatinamente. Los cambios en los hábitos de consumo, la expansión de las grandes superficies y el auge de la compra rápida han reducido la presencia de los jóvenes en mercados y plazas de abastos. Como consecuencia, gran parte de la población más joven apenas tiene contacto con las pescaderías tradicionales y desconoce la profesionalidad, especialización y valor añadido que aportan estos establecimientos.
Esta falta de interacción genera un efecto en cadena. Si los jóvenes consumidores no frecuentan las pescaderías, difícilmente desarrollarán un vínculo con el sector o comprenderán su importancia para la economía local, la cultura gastronómica y la alimentación saludable que supone los comercios y productos pesqueros. Y cuando una actividad económica resulta invisible para las nuevas generaciones, también disminuye el interés por desarrollar una carrera profesional en ella debilitando así una parte de nuestra cultura.
En cierto modo, vendedores y jóvenes consumidores parecen habitar realidades paralelas que rara vez se encuentran. Mientras los profesionales del sector mantienen vivo un conocimiento transmitido durante generaciones, una gran parte de la juventud crece alejada de estos espacios comerciales y de las experiencias asociadas a ellos. Esta distancia social y cultural contribuye directamente a la dificultad para atraer nuevos profesionales que garanticen la continuidad del oficio.

Por ello, el relevo generacional no puede entenderse únicamente como un problema laboral o empresarial. También es una cuestión de conexión social. Acercar nuevamente a los jóvenes a los mercados tradicionales, fomentar el conocimiento del pescado fresco y poner en valor la figura del pescadero son acciones esenciales para garantizar el futuro del sector.
En definitiva, el futuro de las pescaderías tradicionales no depende únicamente de encontrar nuevos profesionales que ocupen los negocios cuando sus titulares actuales bajen la persiana. Depende también de recuperar la relación entre la sociedad y un oficio que durante generaciones ha formado parte de la vida cotidiana de nuestros barrios y mercados. Sin consumidores que conozcan y valoren el sector, será mucho más difícil asegurar la continuidad de quienes lo mantienen vivo cada día.
Desde AMIPEMUR, queremos resaltar la importancia de recuperar el vínculo entre los jóvenes y las pescaderías tradicionales no es únicamente una estrategia comercial; es una inversión en el futuro de un sector esencial para la economía, la gastronomía y la identidad de nuestra Región.
*El proyecto Mardemur 2025-2026, llevado a cabo por AMIPEMUR con una inversión de 52.169,15 € y una subvención por el mismo importe, se enmarca en la Estrategia de Desarrollo Local Participativo del Grupo de Acción Local de Pesca y Acuicultura de la Región de Murcia (GALPEMUR) y está cofinanciado por el Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA) al 70% y por la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia (CARM) al 30%.
